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Casi uno de cada cinco españoles ha pagado por sexo alguna vez
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20.02.16 - BORJA ROBERT

Según un estudio de la Universidad de Comillas, muchos clientes no harían nada si se enteran de que una prostituta es víctima de explotación

Casi uno de cada cinco varones españoles ha pagado por servicios sexuales al menos una vez en su vida, según un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Pontificia de Comillas. De entre los clientes, un 12% reconoció haberse encontrado alguna vez con una mujer que ejercía obligada la prostitución.

«Realizamos una encuesta telefónica aleatoria y otra a pie de calle», aseguró Carmen Meneses, coordinadora del estudio e investigadora de la universidad. Según sus datos, algo más del 20% de hombres consultados por teléfono reconocieron que habían pagado por servicios sexuales, una proporción que se redujo al 17% entre los encuestados en la vía pública. En lo que respecta a haber recurrido a estos servicios durante el último año, la proporción cayó hasta apenas un 2%. «Al ser un tema que se suele tratar de forma oculta, el hecho de que casi uno de cada cinco lo reconozca nos hace pensar que el fenómeno probablemente sea mayor», explicó Jorge Uroz, otro de los autores del trabajo, que se presentó ayer.

El estudio trata de dar una visión general de la situación de España respecto a la trata de personas con fines de explotación sexual e identificar las dificultades para combatirla. «Entre los clientes de prostitución intuyo que existe un sector importante que no se plantea que las prostitutas puedan ser víctimas de trata», detalló Uroz. Según sus datos, sin embargo, nueve de cada diez conocen el fenómeno. «Identificamos dos perfiles, unos a los que ni siquiera les importa y aunque detectasen un problema no harían nada porque no quieren líos, y otros que sí actúan». Algunas redes de trata de personas se han desactivado por denuncias de usuarios de servicios sexuales. «Sobre todo de personas que se enamoran de una prostituta e intentan sacarla de ese ámbito», aclaró.

Uno de los retos de las fuerzas de seguridad del Estado es, precisamente, identificar a las víctimas de trata. «En la mayoría de ocasiones, ellas no se van a identificar solas», explicó Meneses. La coacción y las amenazas a las que las someten sus tratantes hacen muy difícil que estén dispuestas a tomar medidas para escapar de su situación de esclavitud sexual. «Van a por las mujeres más vulnerables, a las que tienen pocos recursos y poca educación», aseguró la investigadora. A menudo, detalló, la extorsión no la ejercen solo sobre ellas, sino también sobre su familia, que a menudo vive en su país de origen.

Faltan recursos

Aunque los investigadores reconocen que hay mucha información sobre el fenómeno que es muy complicada de identificar y documentar, sí han recabado datos generales sobre las características del problema en España. Entre las víctimas, señalaron, hay cuatro grupos principales: las que proceden de Europa del Este (sobre todo de Rumanía), las que vienen del África subsahariana (sobre todo de Nigeria), las que llegan de Latinoamérica (sobre todo de Paraguay y República Dominicana) y las asiáticas, sobre las que apenas hay datos aunque parece un fenómeno al alza. «Es una población muy oculta, y una prostitución destinada sobre todo a su mismo colectivo de origen», señaló Meneses. «Aun así, nos consta que está creciendo».

Según sus indagaciones, la proporción de menores de edad víctimas de trata es muy baja. «Hemos entrevistado a 48 profesionales y según toda la información disponible sobre el tema, el fenómeno es minoritario», ha aclarado la coordinadora del trabajo. «Aunque sí las hay, y si hay menores es porque hay demanda».

En España, explicó Uroz, la prostitución mueve más dinero por sí misma que la combinación del tráfico de drogas y de armas. «Hablamos con un empresario de alterne que nos explicó que en su club, antes de que llegase la crisis, ganaban 15.000 euros limpios al día, y eso era prostitución no forzada». Cuando trabajan obligadas por un tratante, matizó, nada del dinero que obtienen llega a la víctima.

«Hacen falta más inversión y más recursos», aseguró Uroz. Según su trabajo, es necesario formar a muchos más profesionales en el problema y dotar de más capacidad a los especialistas en solucionarlo. Por qué no se hace, afirmó, tiene un cierto componente de racismo. «Las víctimas son extranjeras, no son españolas. La droga, o las armas, pueden afectar a nuestros hijos, pero nuestras hijas no van a ser víctimas de trata, por lo que nuestro talante frente al problema es distinto», sentenció.

de los encuestados por los investigadores -45 de 1.671- aseguró haber pagado por servicios sexuales el último año.