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Psiquiatría
Tres de cada cuatro pacientes con depresión no completan su tratamiento
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20.11.15 - BORJA ROBERT

Un 15% no lo empieza y casi la mitad lo abandona durante el primer mes, justo el plazo que los psiquiatras se dan para comprobar si funciona

Pese a la eficacia de los tratamientos disponibles para la depresión, menos de uno de cada cuatro pacientes diagnosticados cumplen con lo prescrito por su médico hasta el final. En torno a un 15% -casi uno de cada seis- ni siquiera acude a la farmacia a comprar los medicamentos que les han recetado, y un 40% los abandona en algún momento del primer mes. De los que siguen más allá de las cuatro semanas, más de la mitad no lo acaban, según explicaron ayer dos psiquiatras durante un encuentro organizado por la farmacéutica Lundbeck con la colaboración de la Federación Española de Psiquiatría y Salud Mental. Las cifras preocupan porque, al menos de momento, ningún tratamiento para la tristeza patológica es de menos de seis meses y la mayoría requieren entre uno y dos años de fármacos.

«Es un problema con múltiples causas a nivel del terapeuta, el paciente y los propios medicamentos», explicó Guillermo Lahera, profesor de Psiquiatría y Psicología Médica en la Universidad de Alcalá (UAH) e investigador en el Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Cibersam). Además de multitud de reticencias a usarlos que nacen del habitual estigma que padecen las enfermedades psiquiátricas, aseguró, el abandono de los tratamientos también puede deberse a falta de información sobre potenciales efectos secundarios o sobre los plazos necesarios para que los fármacos hagan efecto -que puede ser de hasta cuatro semanas-. «Es responsabilidad del médico explicar al paciente qué efectos pueden aparecer, cuánto van a durar o qué debe hacer si aparecen». También, relata, ganarse la confianza de la persona afectada y trasladarla a la confianza en el tratamiento.

Los efectos secundarios dependen del fármaco elegido, afirmó Lahera. «Y elegir el tratamiento adecuado para que al paciente le sean lo menos inconvenientes posibles también es tarea del doctor». Algunos -como los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina-, explicó, pueden provocar disfunción sexual o reducción de la libido durante la duración de los fármacos, un aumento o una reducción sustancial de peso e incluso reducir el rendimiento cognitivo -«es decir, producir aturdimiento o sensación de no poder pensar con claridad», recalcó el psiquiatra-. «La neurobiología de la depresión es muy compleja, así que todos los nuevos antidepresivos son bienvenidos porque aumentan nuestro arsenal terapéutico y la posibilidad de adaptarnos a nuestros pacientes», matizó, por su parte, Luis Caballero, vocal de la Sociedad Española de Psiquiatría y Jefe de Servicio de Psiquiatría de HM Hospitales.

Terapia electroconvulsiva

Los datos de adherencia -la tasa de pacientes que sigue la prescripción de su médico a rajatabla- tan bajos contrastan con los de efectividad de los tratamientos, que, si se contemplan todos los casos, ayudan a la remisión de síntomas en dos de cada tres pacientes que siguen su tratamiento hasta el final. El tercio restante, explicó Caballero, puede sufrir las denominadas depresiones refractarias a la farmacoterapia.

Estas incluyen algunos de los casos más extremos, como el síndrome nihilista o de Cotard, en el que el paciente piensa que está muerto, y a menudo están asociados a otras patologías psiquiátricas. «Incluso en estos casos existen recursos en el arsenal terapéutico más allá de los medicamentos, como la terapia electroconvulsiva», recalcó Caballero. Esta última, heredera de los antiguos electroshocks, es la estrategia clínica psiquiátrica con más efectividad en el tratamiento de la depresión -se calcula que funciona en al menos nueve de cada diez casos- aunque solo se usa en última instancia. «Tiene mala fama, en parte merecida por cómo se usaba antes, sin anestesia y en las casas de los pacientes, pero usada adecuadamente, en un entorno clínico, se consiguen unos resultados muy muy buenos», recalcó Lahera.

La falta de adherencia también pone de manifiesto una paradoja a la que se enfrentan tanto los profesionales como la sociedad: se diagnostican más depresiones que nunca -«la prescripción de antidepresivos se ha triplicado en tres años», apuntó Lahera- pero todavía son muchas las que quedan sin dictaminar por un médico. «Tenemos, simultáneamente, un problema de sobrediagnóstico y otro de infradiagnóstico», apuntó. Se calcula que la mitad de los pacientes con depresión no se detectan en la Atención Primaria pero que, sin embargo, muchos cuya dolencia no es la tristeza patológica pasan a recibir tratamientos para ésta.

de los pacientes que reciben y siguen su tratamiento hasta el final logran una remisión de sus síntomas. El dato suma todos los casos de éxito, que no tienen por qué ocurrir a la primera. Los tratamientos disponibles son muchos y no todos funcionan igual ni sirven para todos de forma general, por lo que los psiquiatras a veces necesitan probar hasta tres o cuatro terapias farmacológicas diferentes hasta dar con la adecuada. Cada una se prueba durante un mes y, si no se aprecia mejora, se prueba con otro en busca de mejores resultados.