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Psicología
Los misterios de la mentira
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05.03.17 - :: DANIEL ROLDÁN

Los engaños se producen en todos los niveles y, a veces, de forma involuntaria

 

Rechazo o vergüenza. Son dos de los motivos por los que las personas prefieren decantarse por la sinceridad. Ese fue el resultado del trabajo realizado por la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Quebec (Canadá) en el que intentaron descubrir los motivos que llevan a la gente a tomar una decisión u otra, a elegir la verdad o no. El experimento era sencillo. Un miembro de una pareja veía en la pantalla de un ordenador un círculo verde o azul; a continuación, tenía que llevarle el mensaje al otro. Además, había un incentivo económico: el receptor recibía 10 euros y el mensajero 14 euros, si el círculo era azul, y 15 euros si era verde. Solo cuatro de cada diez individuos estudiados decían siempre la verdad. No había variantes por la creencia religiosa o preferencia política, aunque engañar, ya sea de forma involuntaria o de forma consciente, es inherente al ser humano. Y, además, una mentira llama a otra mentira porque el cerebro se vuelve insensible a las mismas. Así lo aseguran los investigadores del University College de Londres, que escanearon el cerebro de ochenta voluntarios entre los 18 y los 65 años durante actividades en las que podían mentir para obtener beneficios.

Durante la observación de los resultados, los científicos observaron que la amígdala se activaba cuando los pacientes se decantaban por mentir. Pero, cuando los engaños eran más frecuentes, su respuesta era más tenue. «Es una peligrosa pendiente», apunta el doctor Tali Sharot en el artículo publicado el pasado octubre en 'Nature Neuroscience'. Un peligro ya que lleva al individuo a convertirse en un fabulador profesional. «Los narcisistas mienten sin ningún tipo de remordimientos. Los maquiavélicos, por ejemplo, piensan que lo pueden hacer porque sí», resume María Jesús Álava.

«Estas personas pueden pensar que les resultará más fácil conseguir determinados fines si mienten, pero ese es un camino erróneo, que tarde o temprano se volverá en su contra», asegura la psicóloga y autora de 'La verdad de la mentira' (La Esfera de los Libros), donde intenta dar explicaciones a una acción que acompaña al ser humano desde que es pequeño. «Los niños comienzan a mentir desde los cuatro años, y son conscientes de ello. En España, hemos detectado casos desde los treinta meses», explica la autora. «Los padres no son conscientes de las mentiras que les dicen a los hijos», añade Álava, que también alerta de los problemas de mentir a los más pequeños de la casa. «Muchas mentiras les crean inseguridades. Y una de las mayores barbaridades es usarlas en caso de divorcios o separaciones», apunta.

Hay más diferencias. En Estados Unidos, los estudios que se han realizado indican que se engaña una o dos veces al día; en España, Álava sostiene que esa cifra se duplica. «Miente todo el mundo y todos los días. Para caer bien o porque se tiene la autoestima baja. Pero la mayoría de las veces se miente para manipular», explica la escritora, que asegura que más de la mitad de las mentiras pasan desapercibidas por el receptor. «Desde la psicología, sabemos que las mentiras son responsables de gran parte de nuestro sufrimiento. Pero a pesar de esta evidencia, la mayoría de la gente no es consciente de hasta qué punto el engaño y la manipulación están presentes en sus vidas», reflexiona la autora.

En el trabajo

En todas las áreas hay engaños, de mayor o menor medida. El mundo laboral es un foco de medias verdades desde el momento en que hacemos la entrevista de trabajo. «No conozco a nadie que haya dicho el sueldo a la primera», dice risueña la doctora Álava. En las relaciones personales estas situaciones se repiten. «¿Quién no ha mentido en una primera cita?», se pregunta la autora de 'La verdad de la mentira'. Asimismo, hace una apreciación de género. «Las mujeres detectamos más las mentiras y cuando mentimos, están más elaboradas», indica Álava.

No hay fórmulas mágicas para huir de la mentira pero sí algunos métodos. «Nuestros pensamientos nos pertenecen y no expresarlos no es mentir, es hacer uso de un derecho fundamental: preservar nuestra libertad de elección y nuestra intimidad», indica la psicóloga. También es bueno reducir el número de mentiras. Un estudio presentado hace unos años por la Universidad de Notre Dame aseguraba que si se le pedía a un centenar de personas que redujeran el número de mentiras durante diez semanas, su salud física y mental mejoraba.