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Psicología
«El siglo XXI es el del cerebro y las emociones»
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13.03.16 - DANIEL ROLDÁN

Elsa Punset defiende el cuidado de la mente a través de ejercicios simples, desde la respiración hasta la famosa 'haka' maorí

«El siglo XXI es el del cerebro y las emociones»

Elsa Punset presenta su nuevo trabajo, 'El libro de las pequeñas revoluciones'. :: óscar chamorro

Elsa Punset está fascinada por la 'haka', ese baile tradicional maorí famoso en el mundo entero porque las selecciones deportivas neozelandesas, sobre todo la de rugby, la ejecutan antes de cada duelo internacional. E impresiona ver sobre el césped a quince tipos musculados vestidos de negro ejecutar un baile y un cántico para pedir ayuda a los dioses antes de un duelo de rugby que habitualmente ganan ellos. Pero la 'haka' es algo más que un evento deportivo. Está incluido en el día a día de los ciudadanos de nuestras antípodas, en las escuelas, en las bodas o en los entierros. «Es una forma tan inteligente de expresar sentimientos», asegura Elsa Punset con fascinación. Le encantaría trasladarlo a todos los sitios porque, «vengas de donde vengas», solo necesitas ponerte a bailar para expresar lo que llevas dentro.

Este baile tradicional permite que «la gente tenga una salida para sus emociones». «Te animan a poner cara de dolor o de alegría y de celebrarlo todo en grupo», explica la divulgadora. Una forma de conectarse con los sentimientos y las emociones, una vía de comunicación que el ser humano ha tenido cortada por que se entendía que era egoísta o de débiles. Punset reivindica la necesidad de mantener más vivo que nunca ese vínculo, de ejercitar el cerebro al igual que muchas personas cultivan sus abdominales o bíceps. Y si en los entrenadores personales tienen tablas para tener el cuerpo en forma, 'El libro de las pequeñas revoluciones' (Destino) apuesta por 250 rutinas exprés para mejorar la calidad de vida.

Un proyecto que nació en un aeropuerto, cuando Punset observó en una librería la cantidad de libros que había para mejorar el físico. «Durante el siglo XX hemos aprendido sobre el cuidado personal. Pero el cuidado de la mente se ha considerado siempre algo egoísta», reflexiona. «Se sabe que tiene un impacto en la salud física. La gente que cuida de su bienestar emocional tiene mejores relaciones con los demás, más ingresos, una profesión que le gusta o toma mejores decisiones. El siglo XXI es el siglo del cerebro y de las emociones, de la salud mental. Y es importante que la gente sepa que eso no es ni frívolo ni innecesario, sino que es absolutamente necesario», defiende la directora de contenidos en el Laboratorio de Aprendizaje Social y Emocional de la Universidad Camilo José Cela.

Y es que Punset reclama que es necesario un aprendizaje de lo que sucede por la cabeza. «La mente la tenemos muy poco cuidada porque no nos han enseñado ni en la escuela ni en casa», ahonda. Todo lo aprendido es heredado, es decir, lo que los padres aprendieron de los suyos y transmiten a sus hijos. «No hemos dicho nunca cómo podemos mejorar la autoestima, cómo podemos enfrentarnos a la envidia, cómo podemos aprender a tener envidia sana. Y sin embargo son conocimientos que ya tenemos pero no sabemos cómo usarlos bien». Saber de las emociones, indica la autora, no significa controlarlas sino gestionarlas. «Es comprender lo que te pasa y decidir si te sirve o no te sirve. Esto es una invitación para que con pequeños pasos hagas cambios importantes en tu vida».

Esa gestión también sirve para controlar el tiempo y saber vivir en el presente. «Cuando nacemos, el cerebro humano se parece a las cebras. Vivimos en el presente. Cuando viene la leona y se come a la cebra, el resto sigue pastando. No mira atrás. El niño, igual. En cambio, cuando te haces adulto tienes mucha capacidad para mirar hacia delante y atrás y recordar», añade. Por eso, es necesario controlar esa «tendencia innata a preocuparnos» y buscar más la capacidad en el presente.

Para vivir más relajado ese presente, la respiración también ayuda. O las «poses poderosas» de la psicóloga estadounidense Amy Cuddy. «Cuando te pones durante dos minutos te sube la testosterona y te baja el cortisol de una forma muy marcada», dice Punset mientras alza los brazos victoriosa y no disimula una sonrisa.