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Psicología
Cómo perder los miedos y ser felices para siempre
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05.03.15 - PEDRO SOLER

El psicólogo Rafael Santandreu hablará esta tarde sobre 'Las gafas de la felicidad' en el Aula de Cultura de La Verdad

Cómo perder los miedos  y ser felices para siempre

El psicólogo Rafael Santandreu.

No es necesario ir a óptica alguna para ponerse 'Las gafas de la felicidad'. Cualquiera podrá hacerlo esta tarde, en el Aula de Cultura de La Verdad, donde intervendrá Rafael Santandreu, psicólogo y autor del libro que desentraña los entresijos de tan singulares gafas. En su conferencia, coordinada por el periodista García Martínez, propondrá un método para aprender a superar problemas y complejos, y disfrutar la vida y el potencial que cada persona conserva en su interior. Está basado en la psicología cognitiva, «que dije de poner en práctica cuando tenía veinticinco años y atravesaba una crisis personal. Una revista me pidió que escribiera un artículo sobre lo que era. Acudí a un libro que se ocupaba de esto, y me vi totalmente reflejado. Entendí cómo yo mismo me estaba provocando mi infelicidad y mis neuras, y cómo podía solucionarlo. Me apliqué lo que estaba leyendo, y fue tal el cambio, que entonces decidí dedicarme para siempre a la psicología cognitiva».

Empeñado en que la gente sea feliz, Rafael Santandreu ya escribió 'El arte de no amargarse la vida', un auténtico 'best-seller' que miles de personas adquirieron porque buscaban ser felices. Actualmente, ¿ya nadie vive amargado? «El 30% de los españoles está fatal. Y otro buen porcentaje no anda muy bien. O sea, que son muchísimas las personas que necesitan una guía para estar mejor. En realidad, la psicología racional o cognitiva también sirve para hacernos más fuertes a nivel emocional, para perder todos los miedos».

¿Todo el mundo puede ser, obligatoriamente, feliz? «Sí, porque el presupuesto principal de la psicología cognitiva es que no nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede. Si uno se amuebla bien la cabeza con este tipo de psicología, realmente se encuentra bien. Todo el centro de los problemas emocionales se puede resumir en quejas y más quejas. Nos quejamos increíblemente del entorno, de los demás, y hasta de nosotros mismos. Y lo que tienen que aprender las personas es que necesitan muy poco para estar bien. Por lo tanto no hay nada de lo que quejarse».

En 'Las gafas de la felicidad', Santandreu se ocupa de la autoestima, «porque hay mucha gente que necesita creer más en sí mismo. Yo digo que, para conseguir una mayor autoestima o amor por sí mismo, la gente tiene que darse valor solamente por el hecho de ser persona. No por ser guapo, listo o capaz. Nada de eso. Todo el mundo es maravilloso por su capacidad de amar, que es lo único que importa en nuestra vida. Si tenemos esto claro, siempre tendremos una realidad de autoestima».

La dependencia no es amor

¿No parece bastante romántico el asunto? «No me refiero al amor romántico. De hecho, en mis libros, una de las cuestiones más importantes es que nadie necesita a nadie para ser muy feliz. En nuestra sociedad, tenemos una absurda necesidad de aprobación, cuando en realidad necesitamos a muy poca gente, y no todo el tiempo, para ser muy felices. Además, el amor sentimental está muy mal entendido, porque se entiende, en realidad, como dependencia. Creo que el buen amor es aquel en el que podrías decirle a tu pareja: 'Cariño: te quiero mucho, pero no te necesito nada. Y quiero que tú me quieras igual'. La felicidad solo se la dará uno a sí mismo. La otra persona es un añadido, una cosa bonita; pero la felicidad solamente se encuentra cuando dejas de quejarte y valoras lo que posees».

Santandreu evoca el email de un joven de Andalucía, a quien le había diagnosticado trastorno bipolar. «Tomaba mucha medicación e iba al psiquiatra. Encontró mi primer libro, se aplicó lo que yo decía y se puso bien. Estaba mucho más feliz y más sano. He recibido muchas cartas, contándome casos parecidos. Uno puede hacer un trabajo terapéutico sin ir al psicólogo. Incluso pienso que es más bonito hacerlo solo. Mis colegas están muy enfadados conmigo, porque digo esto cada dos por tres, pero es la verdad. ¿Por qué no lo va a practicar la gente, si puede?».

El criminal o responsable de una gran desgracia, ¿también podrá recuperarse y ser feliz? «Absolutamente. Esto ya nos lo enseñó Gandhi, quien dijo que para un gran mal siempre hay una gran reparación. Si has cometido un hecho delictivo descomunal, también puedes dedicar el resto de tu vida a hacer un gran bien; por ejemplo, salvar vidas de niños africanos. Y cuando hayas salvado cien, doscientas, trescientas o mil, te aseguro que tu culpa ha expirado».

Y, ¿no es mejor recurrir al humor que a la psicología cognitiva? «El humor es incuestionable. Yo siempre digo que existen dos herramientas fundamentales para vivir feliz: el amor y el humor. Cuando nos encontramos mal, tristes, estresados... estamos locuelos. Y frente a un loco no tienes que razonar de manera normal. Tienes que intentar sacarlo de la locura; y para ello, esas son las dos herramientas que mejor irán».

Pocas adversidades serias

Aunque es de suponer que, con tantas soluciones que aporta, el doctor Santandreu no tiene problemas, reconoce que le surgen «todas la semanas, pero cada vez me importan menos e influyen menos en mi felicidad. Tengo una amiga que es muy racional. Si le pregunto cómo está, ella me responde preguntándome también, si me refiero a cómo está por dentro o por fuera. Y remata: por fuera mal, porque surgen problemas, pero por dentro, inmejorable». Como ejemplo, cita a grandes modelos de fortaleza, «porque se aprende mucho de ellos». Pone como ejemplo al físico Stephen Hawking, «quien va en silla de ruedas desde hace más de cuarenta años. Es un modelo porque se ha convertido en uno de los mejores científicos de todos los tiempos; pero no solo eso: también es una persona muy feliz. Si él opta por no quejarse y vemos los temas positivos de su vida, ¿de qué nos vamos a quejar nosotros? Él ha dicho muchas veces que es una persona que se considera superafortunada, y que se dedica a algo que le apasiona. Existe una técnica para saber calificar una adversidad. Debemos preguntarnos en qué medida eso que nos pasa o podría pasar impide o impediría hacer cosas valiosas por nosotros y por los demás. Si lo pones en práctica, te darás cuenta de que en la vida hay pocas adversidades serias».