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Dermatología
Rejuvenecimiento: terapias anti-aging
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18.01.10 - Dr. Martínez Escribano

Cuando envejecemos o, sencillamente, con el paso inevitable de los años, pueden ocurrir diversos cambios en nuestra piel y en los tejidos subyacentes que a todos nos gustaría evitar o retrasar en la mayor medida posible y, cuando ya van apareciendo, al menos corregirlos o atenuarlos, a ser posible, sin grandes intervenciones ni cambios en nuestra fisonomía.

Por ello, a la consulta de Dermatología no sólo acuden pacientes con enfermedades más o menos graves como pueden llegar a ser la psoriasis o el lupus, sino también pacientes con problemas médico-estéticos, como distintos tipos de discromías o cambios en la coloración de la piel: manchas más pigmentadas u oscuras (léntigos solares o seniles, queratosis o verrugas seborreicas, etc); manchas más claras o blanquecinas (como la hipopigmentación en confetti, frecuente en extremidades); lesiones rojizas o azuladas de tipo vascular (arañas vasculares, varículas y telangiectasias, puntos rubí, cuperosis y formas más avanzadas de rosácea, etc).

En unas personas más que en otras, en función tanto de nuestro perfil genético como de factores ambientales, aparecen diferentes marcas de envejecimiento, que son más visibles en determinadas zonas anatómicas, como la cara, el cuello, el escote o el dorso de las manos. Así ocurre con las arrugas y los surcos de la cara, a los que les damos nombres curiosos y de uso cada vez más cotidiano. Ya no hablamos sólo de las patas de gallo, sino que cada vez más gente sabe lo que es el código de barras o las líneas de marioneta. Y cada vez más pacientes saben que esas arrugas y surcos se tratan con toxina botulínica, popularmente conocida como Botox®, o con rellenos de ácido hialurónico, de colágeno o de otros materiales biocompatibles. Por ello, otro motivo de consulta, tanto de mujeres como, cada vez más, de hombres, es el tratamiento de los signos de descolgamiento y flaccidez en la cara y el cuello, de la pérdida de volumen en pómulos, del adelgazamiento de los labios, etc.

Las marcas del paso de los años sobre nuestro organismo y sobre nuestra piel pueden no importarnos o no afectarnos en absoluto, pero a muchas personas completamente normales les repercute en su forma de verse e incluso en su estado de ánimo y en su forma de relacionarse con los demás. De ahí la importancia de realizar un abordaje serio y riguroso de estos problemas, buscando el tratamiento más adecuado, siempre personalizado y, sobre todo, con prudencia y sentido común.

Los signos de envejecimiento pueden combatirse y prevenirse, al menos en parte, con medidas como hábitos saludables de vida (protección solar, dieta mediterránea con consumo abundante de fruta y verdura, descanso nocturno con las horas adecuadas de sueño, evitar el estrés en la medida de lo posible, no fumar, evitar bebidas con alto contenido alcohólico, etc). Después, existe un variado arsenal terapéutico que sirve para corregir o mitigar algunas señales que revelan el paso inexorable de los años, y que va desde el humilde peeling hasta el último láser ablativo o no ablativo, desde la simple crema hidratante con efecto tensor hasta las inyecciones con Botox®, desde la crema con efecto despigmentante hasta el más avanzado láser ultrapulsado específico para manchas, o desde la barra labial común hasta el perfilado o el relleno de los labios con inyecciones de hialurónico.

Todo el mundo sabe que su cuerpo cambia cuando se hace mayor, pero casi todo el mundo quiere parecer lo más joven y sano posible. Para ello, más vale prevenir que curar y, aparte de los hábitos saludables de vida, si se tiene un problema o se quiere corregir algún pequeño defecto, lo mejor es tratarlo en fases iniciales, que es cuando se puede lograr un resultado más llamativo y satisfactorio.

El Dr. Martínez Escribano es dermatólogo del Hospital Virgen de la Arrixaca y de la Clínica Openderma