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Cirugía sin sangre, una alternativa no solo para los testigos de Jehová
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13.03.18 - EFE

 


 

Normalmente asociamos la negativa a recibir una transfusión de sangre con los testigos de Jehová, aunque el desarrollo de técnicas de cirugía para reducir e incluso eliminar las transfusiones va más allá de una cuestión de creencias y es, de hecho, una recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). 
 
La presentación hoy en Barcelona por parte del Hospital del Mar de un protocolo para garantizar trasplantes renales sin transfusión de sangre a testigos de Jehová es el último avance en la dirección de limitar al máximo el uso de transfusiones.
 
Las razones fundamentales de la proliferación de este tipo de técnicas son evitar riesgos clínicos, satisfacer la creciente demanda de este tipo de intervenciones (por razones religiosas, personales o inmunológicas) y ahorrar sangre.
 
Hospitales públicos y privados de toda España disponen ya de unidades de "medicina sin sangre" y el tipo de operaciones que pueden llevarse a cabo con esas técnicas es cada vez mayor.
 
La Asamblea General de la OMS de junio de 2010 apostó por estos métodos al constatar que las transfusiones de sangre alogénica (de otra persona) son un recurso limitado, caro y no exento de riesgos y efectos adversos, por lo que instó a las autoridades sanitarias de todos los países a adoptar de forma universal los programas de "Patient Blood Management" (PBM), gestión de la sangre del propio paciente.
 
Más recientemente, en junio de 2017, entre sus recomendaciones sobre la gestión de la sangre en los sistemas de salud, la OMS pidió un uso racional de la sangre y sus productos derivados para reducir las transfusiones innecesarias y minimizar los riesgos asociados a ellas, usando alternativas cuando sea posible, incluida la PBM. 
 
Y es que el termino cirugía o medicina sin sangre no es del todo exacto, ya que se sigue utilizando sangre en todas las intervenciones, si bien se trata de la del propio paciente.
 
Estas técnicas se desarrollan tanto en el preoperatorio, el postoperatorio como en la propia cirugía, y tienen tres líneas de actuación fundamentales: reducir al máximo las pérdidas, rentabilizar la sangre del paciente y usar fármacos que estimulen la producción endógena de sangre (hematopoyesis).
 
En la primera fase se trata de preparar al paciente para soportar en las mejores condiciones la pérdida de sangre durante la intervención quirúrgica y para ello se intenta elevar sus niveles de hemoglobina con hierro, ácido fólico o vitamina B12.
 
Durante la propia operación, se pueden usar instrumentos quirúrgicos hemostáticos, menos invasivos, que reducen las hemorragias y, además, se utilizan sistemas para la recogida de la sangre perdida que se vuelve a administrar al paciente.
 
En ese proceso se utilizan fármacos para reducir el sangrado y posteriormente, en la fase postoperatoria, otros para tratar la anemia y acelerar la recuperación sin necesidad de transfusión.
 
Algunos de estos métodos, como las autotransfusiones o el uso de eritropoyetina (EPO) para generar glóbulos rojos han tenido gran popularidad por su uso fraudulento por parte de algunos deportistas, sobre todo ciclistas, para mejorar su rendimiento. 
 
Aunque las unidades de cirugía sin sangre se desarrollaron sobre todo para atender las necesidades de los Testigos de Jehová, que cuentan incluso con sus propios hospitales, lo cierto es que el origen de estas técnicas es la alergia del cirujano ortopédico austriaco Adolf Lorenz al fenol, ampliamente utilizado como desinfectante en los quirófanos a principios del siglo XX.
 
Para poder seguir practicando la cirugía, Lorenz desarrolló una serie de técnicas quirúrgicas poco invasivas para reducir al máximo al sangrado; su trabajo inspiró a los Testigos de Jehová a defender alternativas a las transfusiones de sangre, que los practicantes de este culto rechazan de acuerdo con su interpretación de determinados pasajes de la Biblia.