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El regreso del 'doctor milagro'
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05.06.16 - ARTUROCHECA

El primer trasplante de antebrazos a una mujer o el de cara a un hombre elevaron al médico a un estrellato que sus íntimos revelan que acabó «quemándolo»

La reconstrucción del rostro de Samira devuelve a la actualidad a un cirujano capaz de hacer 1.800 operaciones al año

El regreso del 'doctor milagro'

Salón de actos del Hospital de Manises. Una de la tarde del pasado jueves. La rueda de prensa del doctor Pedro Cavadas (Valencia, 1965) para presentar su último hito quirúrgico debía haber comenzado hace media hora. Las dos decenas largas de periodistas congregados en la sala se miran impacientes. Una responsable de prensa del centro sanitario se acerca. «Baja enseguida. Está lavándose las manos. Es que estaba operando». Unos minutos después, Cavadas reaparece andando casi a cámara lenta. Sobrepasa el quicio de la puerta del salón de actos vistiendo impecable mono quirúrgico de color azul. Se para. Alza una lata de refresco en la más rotunda vertical de su boca y apura de un trago el contenido. Observa la mesa de la rueda de prensa abarrotada de micrófonos de medios de comunicación y suelta irónico: «¿No habrá pocos?».

La escena supone la reaparición pública de Pedro Cavadas, el hombre que hace más de una década comenzó a hacerse un nombre en la cirugía reconstructiva mundial, entonces desde el Centro de Rehabilitación de Levante. En 2004, una imagen casi digna del guión de Frankenstein daba la vuelta al planeta: la de un camionero con un brazo reimplantado durante nueve días en su muslo izquierdo, la única forma de mantener el riego sanguíneo y colocarlo después de vuelta en el codo del paciente. Se lo seccionó en un accidente de tráfico. En 2006 Alba Lucía se convertía en la primera mujer en recibir en España el trasplante de dos manos y dos antebrazos. Otro milagro del doctor Cavadas. «Mira a mis niñas, son tan lindas», aseguraba años después desde su casa en Castellón. Ya cosía y planchaba. En 2009, Cavadas subía otro peldaño con el primer trasplante de cara. El paciente falleció dos años después por causas ajenas a la operación. «Con él morí yo un poco», confesó tiempo después el cirujano.

Cuatro casos al día

Pero la escena del salón de actos del Hospital de Manises trasluce la esencia de Cavadas por otras dos razones. Porque la comparecencia se retrasó por una operación. Y luego se le vio con el director quirúrgico del centro, Emilio Matute, preparando otra intervención esa misma tarde. Lógico en alguien que realiza una media de 1.800 operaciones al año, unas cuatro al día, según el perfil profesional de la Universidad Internacional de Valencia, de la que Cavadas es Doctor Honoris Causa.

Y la segunda razón de la reveladora escena es su chascarrillo hacia los medios. Sus espectaculares operaciones lo pusieron bajo el constante foco de los medios. Con constantes apariciones entre responsables políticos de la Generalitat y la Conselleria de Sanidad. Cavadas siempre se confesó 'poco amigo' de aparecer en los medios. En una entrevista en este periódico confesó que comparecía en homenajes y recibía premios por la felicidad de ver orgullosa a su madre. Su sobreexposición acabó «quemándolo». Decidió volver a la intimidad de los focos del quirófano, como relatan personas cercanas a él.

Hay dos pasiones que no han cambiado para él. Ruolan y Xiaodan, las dos niñas chinas a las que adoptó hace más de una década, ya en curso hacia la adolescencia. Ellas son su refugio. En ellas se guarece para recuperarse de las heridas del alma que sufre con los tropiezos quirúrgicos. Que también los tiene. El fallecimiento del trasplantado del cara, con el que llegó a trabar amistad, es una espina que aún lleva clavada. Como la de aquel paciente al que le trasplantó las dos piernas y tuvo que quitárselas tiempo después por el rechazo. O la espina de no poder luchar, como confesó en una entrevista en Cuatro, contra una cruda realidad médica: «A los 20 años, casi el 100% de los órganos trasplantados se han perdido».

Él se resarce con algunas de las cientos de operaciones solidarias que realiza en Kenia. A jóvenes con miembros amputados por machetazos de peleas tribales. O a otros a los que les seccionan el pene para fabricar pociones contra el sida. La Fundación Cavadas tiene a sus espaldas más de 11.000 intervenciones, entre ellas 700 reimplantes. En su consulta lo contemplan una decena larga de máscaras tribales y amuletos africanos. El otro refugio del 'doctor masai'. Allí en la sabana conoció lo estéril del Porsche con el que se paseaba en su juventud por las calles nocturnas de la capital del Turia. Se volvió «austero y espartano», como se define ahora.

El jueves volvió a la palestra para contar «una historia con final feliz, de eso que estamos tan faltos ahora, una historia protagonizada por gente honesta», subrayó. Luego volvió a perderse entre las tripas del Hospital de Manises. A preparar su siguiente salto mortal con el bisturí. A leer la última técnica médica. A gestar su enésimo milagro.