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Pediatría
«No vacunar pone en riesgo a todos»
04.06.15 - BORJA ROBERT

Científicos y expertos niegan que existan motivos para rechazar la inmunización de menores y alertan del peligro de no hacerlo

 

El cáncer y los problemas cardiovasculares son responsables de dos de cada tres fallecimientos en España. Las enfermedades infecciosas provocan algo menos del 2% del total. Hace solo un siglo el porcentaje superaba el 50%. Las vacunas han sido una parte fundamental de la lucha contra estas dolencias. Gracias a ellas se erradicó la viruela a escala mundial y se ha reducido a mínimos históricos la incidencia de otras como la polio, la rubeola, la tos ferina o el sarampión. Pero en los últimos años han surgido grupos que discuten su eficacia, su seguridad y, en general, la necesidad de usarlas. Muchos ignoran el calendario que establece el Sistema Nacional de Salud y no inmunizan a sus hijos. Uno de estos niños ingresó en el hospital el pasado 28 de mayo en lo que ha resultado ser el primer caso de difteria que se registra en España desde 1986.

«Gracias a la vacunación sistemática y al mantenimiento de coberturas frente a esta enfermedad de más del 95% de los niños residentes en España, no se producía ningún caso en nuestro país desde hace casi 30 años», afirman desde la Asociación Española de Pediatría. «Las vacunas son el mayor éxito sanitario de la historia de la humanidad», asegura Mariano Esteban, líder del Laboratorio de Vacunas del Centro Nacional de Biotecnología (CNB). «Llevamos años controlando estas enfermedades infecciosas gracias a ellas. Se ha demostrado de mil maneras». Según la Organización Mundial de la Salud, su inoculación generalizada salva de la muerte a entre dos y tres millones de personas. También evitan padecimientos graves a muchas más.

No todos los grupos que discuten el uso generalizado de las vacunas usan los mismos argumentos. Algunos aseguran que provocan autismo -pese a que varios estudios han probado que no tienen relación-. Noelia Vivar, de la Asociación de Afectados por las Vacunas, discute su seguridad. «Son potencialmente dañinas pero no se advierte de ello», asegura. No hay datos oficiales sobre el número de víctimas por efectos adversos de las vacunas. En todo caso, es difícil estudiar el fenómeno porque son muy pocas. «Se vacuna a millones de niños cada año y algunos experimentarán fiebres altas, ataques o incluso muerte súbita tras una vacunación por pura coincidencia», explican desde el sistema con el que cuenta EE UU para que sus ciudadanos informen de potenciales casos. Que dos acontecimientos ocurran uno después de otro, afirman, no significa que el primero sea la causa del segundo.

Reacciones adversas

«No podemos hacer una vacuna inocua para todo el mundo, igual que no podemos hacer una aspirina que lo sea», asegura Lucas Sánchez, investigador sobre vacunas en el CNB. Cada persona cuenta con un sistema inmunitario diferente, y es imposible prever cada caso. Algo que se inocula a tanta gente, recalca, es casi inevitable que provoque una reacción adversa en algún individuo. «Aun así, los niveles de seguridad con los que trabajamos son muy importantes», aclara. Para que los sistemas de salud acepten una nueva vacuna, sus creadores antes deben probar no solo que es eficaz, sino que es segura en dosis mucho más altas de las que después se usarán.

Una de las claves del éxito de los sistemas de vacunación masivos es un efecto denominado «inmunidad de rebaño». Cuando un porcentaje muy importante de una población está vacunado, hacen muy difícil que el agente infeccioso se pueda propagar. «Los antivacunas se apoyan en esto, consciente o inconscientemente», señala Sánchez. No se vacunan y no enferman porque el resto los protege. Pero empiezan a ser tantos, indica, que el sistema se tambalea. El niño con difteria es solo un ejemplo. «No vacunar pone en riesgo y causa un daño muy grande a toda la población», sentencia Esteban.

Un porcentaje mínimo la población decide no vacunar a sus hijos. Son pocos pero muy militantes. En total, se calcula que menos del 5% de los menores que viven en España no lo están, aunque la mayoría es por otros motivos, como la exclusión social. Pese a todo, los movimientos antivacunas han crecido en las últimas décadas en Europa y en EE UU al calor de las medicinas alternativas y la creencia de que estos medicamentos no son la panacea. En Gerona, cerca de Olot -donde vive el niño ingresado por difteria-, tiene su sede la Liga para la libertad de la vacunación. Una organización nacida en Barcelona en 1989 -aunque con los años se trasladó- y que reclama la autonomía y la libertad de los ciudadanos de elegir si son vacunados o no.

Aunque la vacunación es voluntaria -pero muy recomendada- en España, los cerca de 700 miembros de esta organización piden que se reconozca y se respete el derecho de todo ciudadano a escoger.