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09.05.16 - DANIEL ROLDÁN

Solo Croacia, el país que ha implantado el sistema español, se acerca a las cotas alcanzadas por la ONT

Una de cada diez personas que da sus órganos supera los ochenta años

España va camino de convertirse en un país en el que ver a un pequeño por las calles va a ser una cosa extraña. El número medio de hijos por española se sitúa en los 1,32, una de las más bajas del mundo. Y el Instituto Nacional de Estadística no es nada optimista de cara al futuro. En un estudio sobre cómo seremos dentro de cinco décadas, aseguraban que la natalidad continuará bajando (1,24 hijos por mujer en 2029 y 1,22 en 2063). Además, la esperanza dentro de cincuenta años habrá superado la barrera de los noventa años: 90,95 varones y 94,32 en mujeres.

Esta situación provoca que el grupo de edad con más de 60 años crezca a un gran ritmo. Si ahora supera los nueve millones, en 2029 los mayores de 64 años posiblemente superen los 11,3 millones. Y en 2063 será de 15 millones. Unas previsiones que invitan a que la sanidad se amolde a las necesidades de los futuros pacientes. Un cambio que la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) percibe desde hace años.

Cada vez son más las personas que superan las seis décadas y que deciden, o sus familias, donar todos los órganos posibles. «Se está extremando el perfil del donante. Desde hace muchos años ha sufrido un envejecimiento progresivo», explica Rafael Matesanz, director de la ONT. Unos donantes que cada vez más se dan en urgencias, la última novedad en el mundo de los trasplantes. El responsable de los donantes asevera que desde que se comenzó a colaborar con estos profesionales sanitarios, el número de donantes veteranos ha aumentado. «Son un ejemplo de colaboración», resalta Matesanz. La ONT asegura que uno de cada cinco donantes proviene de las Urgencias.

Un colectivo profesional que miró con cautela eso de ser el primer eslabón. «En una encuesta que realizamos, lo que más les preocupaba era los problemas en el diagnóstico y la comunicación e información con las familias», explica el doctor Javier Povar, coordinador del Servicio de Urgencias del hospital Miguel Servet de Zaragoza. «Pero con unas buenas herramientas, los profesionales lo integran en su propio trabajo, aunque es verdad que tiene un punto emocional», añade Povar. Y en ese contacto con las familias, ya que el enfermo irrecuperable se encuentra en una UCI con soporte vital, se ven situaciones en que son los propios seres queridos los que ofrecen al enfermos o personas que se niegan a escuchar. «Este año se ha batido con mucha diferencia la edad de un donante pulmonar. Tenía 86 años. Fue uno de estos potenciales donantes de Urgencias», añade Matesanz.

El perfil del donante ha sufrido un constante envejecimiento a lo largo del siglo XXI. Si en el año 2000, los altruistas mayores de ochenta años apenas eran el 0,9% del total, ahora representan el 9,7%. Un incremento del 1.077%. Entre los setenteros, la evolución también ha sido sorprendente: casi se ha duplicado, pasando del 11,4% de hace tres lustros al 22,5%. Son las únicas grandes subidas, que superan con creces cualquier . En los donantes de entre 45 y 69 años se mantiene constante (tres puntos más) y donde se produce el desplome es entre el colectivo de entre 15 y 29 años (del 19,8% al 3,9%), probablemente unida al continuo descenso de los muertos en las carreteras.

Ahora los mayores de 60 años ya representan el 53,2% de todas las donaciones. Un caso único en Europa. Comparando los datos de 2014, solo Croacia se acerca a los parámetros españoles. Justamente el país que ha copiado todo el sistema de la ONT; y Malta, aunque el número de trasplantes que realiza es mínimo. Muy por detrás están otras potencias de la UE como Reino Unido, Alemania o Francia. Pero no solo los donantes son mayores. También los receptores: cuatro de cada diez personas que salvaron la vida con un trasplante superaban las seis décadas. «Si uno mira las listas de espera ve a personas de más edad. En el trasplante de riñón es relativamente frecuente los pacientes con más de 80 años», explica Matesanz, quien recalca que no hay un «límite estricto» de edad para que una persona pueda ser trasplantada. Solo se valora desde el punto de vista médico, si el resto de los órganos del paciente pueden tolerar una operación como un trasplante.

«A medida que la población alcanza más y más años, patologías como la insuficiencia renal son más frecuentes y las posibilidades son dos: esas personas de ochenta y tantos años y más pasan los últimos años de su vida pegadas a un riñón artificial lo cual es realmente duro o mediante uno de estos trasplantes se les está dando años de calidad de vida. La apuesta es obvia».