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Oftalmología
Realizan por primera vez en Europa un implante de visión artificial
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16.12.15 - R. C.

El paciente, con síndrome de Usher, fue operado con éxito en el Centro de Oftalmología Barraquer de Barcelona

 

El primer paciente sordo-ciego en recibir un implante de visión artificial en Europa fue operado ayer con éxito en el Centro de Oftalmología Barraquer de Barcelona. Según explicó la clínica, esta ha sido la primera vez en Europa y la segunda en el mundo que un paciente con síndrome de Usher, que no puede ver ni oír y que solo se puede comunicar con lenguaje de signos, recibe un implante de visión artificial, al que se ha dado en llamar 'ojo biónico'. En declaraciones a Efe, antes de entrar a la operación y acompañado de una intérprete, el paciente se mostró tranquilo y confiado en que esta sería un éxito y aseguró que después de la rehabilitación animará a sus compañeros con sordo-ceguera a hacer lo mismo.

«Nunca me quedo en casa, voy al gimnasio, quedo con mis amigos y voy en bicicleta, por lo que ahora seguiré haciéndolo, pero mejor», aseguró el paciente. El cirujano de la intervención y el coordinador del departamento de vítreo retina del Centro Barraquer, el doctor Jeroni Nadal, describió la operación como un «caso ciertamente particular por tratarse de un síndrome de Usher, que conlleva ceguera por retinosis pigmentaria y la falta de audición».

El doctor Nadal señaló que la operación mejorará la calidad de vida del paciente y afirmó que conseguirá «una visión normal o muy similar a la que se produce de forma fisiológica cuando la retina envía un estímulo eléctrico al cerebro en respuesta a una imagen». El objetivo de este ojo biónico o implante de retina es el de proporcionar la estimulación eléctrica de la retina para aumentar la percepción visual en personas ciegas.

Con gafas

El implante consta de una parte interna, que es la pedicular e intraocular, y una externa, que se basa en unas gafas que tienen una pequeña cámara en su parte frontal con la que pueden seguir las imágenes que se van dando delante del paciente.

Las gafas, que tendrá que llevar el paciente tras la operación y que le conectarán dentro de quince días, capturarán las imágenes y las enviarán a un pequeño ordenador del tamaño de un teléfono móvil, donde se procesarán y transformarán en instrucciones, y se transmitirán de forma inalámbrica a la antena del implante de retina.

Los impulsos que recibe el paciente estimulan las células sanas que quedan en la retina y transmiten la información al cerebro a través del nervio óptico, con el fin de crear la percepción de patrones de luz, los cuales los pacientes aprenden a interpretar.