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Una vacuna para el bicentenario del párkinson
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09.04.17 - DANIEL ROLDÁN

Los expertos creen que la enfermedad se podrá curar en una década

 

Parálisis agitante. Así apareció descrita la enfermedad en 'An essay on the shaking palsy' hace 200 años. El doctor inglés James Parkinson definía así una dolencia que incapacita los movimientos de los pacientes o les provoca gestos involuntarios. Años más tarde, la parálisis agitante se convirtió en la enfermedad de Parkinson, la segunda dolencia neurodegenerativa con más pacientes tras el alzhéimer y que afecta al sistema nervioso central. El bicentenario de la descripción de sus síntomas coincide con uno de los mayores saltos de la investigación para parar esta enfermedad, que afecta a unos 160.000 españoles y a 6,3 millones de personas en todo el planeta: la vacuna.

Solo son resultados preliminares, pero los neurólogos de todo el mundo, los pacientes y sus familias los recibieron con optimismo. El compuesto 'Affitope PD01A', de la farmacéutica Affiris AG, usa como diana la proteína alfa-sinucleína, que desempeña una función clave en la aparición y progresión de la enfermedad. La vacuna, aún en fase I, se probó en 22 participantes con dos dosis de 15 y 75 miligramos, y fue tolerada en ambos casos. Una respuesta inmune apareció en 19 de los pacientes y 12 de ellos desarrollaron anticuerpos contra la alfa-sinucleína. «Es la gran esperanza. En breve comenzarán a hacer ensayos más generales y es necesaria más investigación. Pero es prometedor que en cinco o diez años vaya a estar disponible», apunta María Rosario Luquin, directora del departamento de Neurología de la Clínica Universidad de Navarra. Mientras tanto, la batería de fármacos disponibles están haciendo que la vida de estos pacientes haya dado un salto cualitativo. «Han supuesto una mejora de la calidad de vida muy importante e incluso su esperanza de vida se asemeja a la de la población general», añade.

También han cambiado las formas de administrar la levodopa, principal principio de los fármacos. Por ejemplo, una técnica la introduce de forma directa al intestino; también es posible la infusión subcutánea apomorfina, que «requiere de un difusor pequeñito que pasa la medicación de forma subcutánea».

Además de estas nuevas formas, aparece como opción la cirugía. «Las medicinas que tenemos son útiles, pero en algunos pacientes dejan de ser eficaces y la cirugía puede conseguir controlar un problema», apunta el doctor Javier Pagonabarraga, coordinador del grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología. La operación consiste en la implantación en el cerebro de dos electrodos, muy finos, con cuatro puntos de estimulación en los extremos. Los electrodos van conectados a una batería -similar a un marcapasos- por un cable que va bajo la piel.

Los impulsos eléctricos de estos aparatos inhiben la hiperactividad de las estructuras que controlan el movimiento de la enfermedad. Es el especialista quien ajusta estos impulsos. «El paciente debe tener menos de 70 años y no tener problemas de equilibrio o cognitivos. En algunos casos, se puede reducir la medicación hasta en un 50%», apunta Luquin.

Centro de referencia

No obstante, no son todo bondades. La Federación Española de Párkinson (FEP) reclama más implicación por parte de las autoridades para fomentar la investigación. Recuerda, con motivo del Día Mundial del Párkinson que se celebra este martes, que en 2012 España ocupó el primer lugar en Europa en cuanto al número de ensayos clínicos. Sin embargo, el 98% de los profesionales encuentra problemas para acceder a los recursos. Por eso, la FEP reclama la creación de un centro de referencia en la investigación del párkinson y parkinsonismos.