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Los ancianos y la acidez
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17.01.09 - M. J. G. /
Los ancianos y la acidez
GRUPO DE MAYORES. Unas ancianas almuerzan en el comedor de una residencia. / ARCHIVO LV

La enfermedad ácido-péptica es un conjunto de patologías relacionadas con la secreción inadecuada de ácido gástrico y pepsina (enzima contenida en el jugo gástrico). Prácticamente a uno de cada dos ancianos que acude a la consulta del geriatra por cualquier motivo se le diagnostica una enfermedad ácido-péptica.

Entre estas patologías, las más frecuentes son la úlcera péptica y la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) y, menos comunes aunque igualmente relevantes, la gastropatía por antinflamatorios no esteroideos (AINEs), la infección por Helicobacter Pylori (HP) y la dispepsia (digestión pesada).

Investigación

Aunque se trata de una enfermedad ya conocida, no ha sido hasta hace relativamente poco cuando se le ha dado, en el ámbito de la geriatría, la importancia que realmente tiene; de ahí que no se dispusiera prácticamente de datos en las personas de edades más avanzadas. Esta situación en principio se justificaría, en base a que la población anciana padece frecuentemente varias importantes patologías concomitantes que, como la demencia, la osteoartrosis, las enfermedades cardiovasculares o la diabetes, tapan a otras patologías, aparentemente menos trascendentes y, por ello, menos informadas.

A la citada pluripatología se suma la polifarmacia, es decir, la prescripción de diversos fármacos a un mismo paciente y el razonable temor a «añadir uno más». Sin embargo, aunque la enfermedad ácido-péptica no es en sí misma causa de mortalidad si lo es de frecuentes complicaciones y, además, altera de un modo notorio la calidad de vida de estos pacientes, lo que justifica, más bien obliga, al uso de un tratamiento ya definitivamente asentado.

Aproximadamente uno de cada diez españoles padece enfermedad ácido-péptica. A partir de los 65 años, la prevalencia de esta enfermedad se eleva a un 20%, ya que está estrechamente ligada a la edad y al progresivo deterioro que afecta al organismo, concretamente al aparato digestivo.

Esta enfermedad tiene una manifestación más insidiosa en los ancianos y a menudo, la intensidad de los síntomas no se corresponde a la gravedad de las lesiones detectadas en la endoscopia. De hecho, menos de un 30% de los ancianos refiere sus síntomas más característicos, ya que parecen percibir en menor medida que los jóvenes el dolor esofágico.

Esto explica que sea ésta una enfermedad infradiagnosticada en este grupo de población. A la elevada incidencia de esta enfermedad, hay que destacar el impacto que sus síntomas podrían tener en la esfera social y psicológica del paciente.

Fármacos

Se estima que las personas mayores de 65 años que viven en su domicilio consumen en torno a tres o más fármacos, porcentaje que se incrementa hasta seis o siete medicamentos cuando están internos en una residencia y todavía se incrementa más cuando el paciente está hospitalizado.

Las patologías osteomusculares son muy frecuentes en la población anciana y el tratamiento habitual son los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs).

Estos medicamentos presentan un alto índice de toxicidad y sobre todo en este grupo de población, por lo que es fundamental indicar un tratamiento gastroprotector que sea efectivo en estos pacientes. todos los fármacos que se consumen resultan, en mayor o menor medida, agresivos para el organismo y con mayor motivo si se consumen varios al mismo tiempo.

La mayoría de estos medicamentos se administran por vía oral y esto se traduce en una agresión directa a la mucosa digestiva y a la gástrica. En el caso de los pacientes más mayores, que ya de por sí tienen más mermadas sus defensas, los efectos son mucho más perjudiciales. Con la edad aumenta la incidencia de patologías que requieren tratamientos a muy largo plazo. Las más frecuentes en los ancianos que presentan enfermedad ácido-péptica son las que afectan al riñón, las pulmonares, las cardiovasculares (hipertensión y diabetes), psiquiátricas y todas aquellas que afectan a los huesos y a las articulaciones.

El 90% de los pacientes ancianos con enfermedad ácido-péptica consume dos o más fármacos y casi la mitad toma más de cinco. Pese a que la prescripción de fármacos con efectos gastroerosivos es muy elevada en esta población, sólo un reducido porcentaje recibe terapia gastroprotectora. De hecho, del 15% de los pacientes que toma regularmente AINEs, menos de la mitad recibe tratamiento antisecretor con fines gastroprotectores.

Ácido-peptico

La enfermedad ácido-péptica agrupa a una amplia serie de patologías como el reflujo, la úlcera gastroduodenal, la toxicidad por AINEs y la dispepsia. Cada una de estas patologías presenta a su vez diferentes síntomas. En el caso del reflujo gastroesofágico, el síntoma más común es el ardor de estómago o quemazón (pirosis) en la boca del estómago. Otro signo frecuente es la presencia repentina de alimentos en la boca sin acompañarse de naúseas ni vómitos (regurgitación) o la disfagia. En pacientes mayores, también son habituales el dolor torácico o la dificultad para la deglución.

También puede notarse cierta sensación de acidez en la boca, eructos, naúseas, hipersalivación, disfagia, hipo y dolor epigástrico. El abordaje terapéutico de la enfermedad ácido-péptica varía en función de la patología desarrollada. A diferencia de lo que sucedía hace años, ya no se recurre a las intervenciones quirúrgicas, sino que se opta por tratamientos farmacológicos capaces de combatir enfermedades como el helicobacter pylori o proteger los efectos sobre la mucosa gástrica.