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Enfermedades infecciosas
El ébola cumple un año fuera de control
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27.12.14 - BORJA ROBERT

La mitad de los contagios y los fallecimientos han ocurrido en los últimos tres meses, a un ritmo de 1.000 nuevas víctimas cada dos semanas

Ha infectado a cerca de 20.000 personas, matado a más de 7.500 y salido de África por primera vez

 

madrid. La peor epidemia de ébola que ha conocido la humanidad cumple su primer aniversario sin un final a la vista. El 26 de diciembre de 2013, Émile Oaumouno, un bebé de dos años, mostró los primeros síntomas de la fiebre hemorrágica. Falleció el 28, pero antes infectó a su hermana Philomena, de tres. Ella contagió a la abuela, a la madre y a una amiga de la familia. Así empezó todo. En Meliandou, una aldea en la frontera de Guinea con Liberia y Sierra Leona.

No se sabe cómo se infectó Émile. Ni cómo llega el ébola a este paciente cero. El principal sospechoso es el murciélago de la fruta, un mamífero volador del que se suele decir que no supone un riesgo para los humanos porque son frugívoros. Los habitantes de Meliandou los cazan, los desuellan y se los comen.

Hasta hace un año, el ébola era una enfermedad de otro sitio. Los brotes anteriores surgieron en el centro de África, no en el oeste. En Guinea, Liberia y Sierra Leona no estaban preparados. Unos servicios de salud endebles, sumados a unas liturgias funerarias con mucho contacto con el muerto, permitieron al virus propagarse como nunca. En marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó el brote de epidemia. Ya contaban más de 70 muertos. En junio, Médicos Sin Fronteras (MSF) aseguró que la situación estaba «fuera de control». Los fallecidos superaban los 330 y los contagiados se multiplicaban. «Nunca había tomado estas dimensiones», explica Teresa Sancristóval, responsable de emergencias de la ONG.

En los siguientes tres meses, la cifra de víctimas se multiplicó por diez. Tres mil muertos. Seis mil infectados. «Es una enfermedad del cariño, de lo cercano», afirma Sancristóval. «Cuando tú eres una madre y vives con cuatro hijos en una chabola, y uno empieza a vomitar y a tener diarrea, te piden que tomes una decisión crítica. Que lo pongas en una esquina y lo aísles. Tienes que dejarlo morir para proteger a los otros tres». En muchos lugares, cuenta, los servicios sanitarios tardaban varios días en recoger a los pacientes para llevarlos a un hospital. «Es una enfermedad que ataca a lo más profundo del ser humano», narra. «O abandonas a un ser querido para proteger a otros o lo cuidas y los pones en peligro. Los coloca en una encrucijada imposible».

Durante el verano, Occidente tuvo que empezar a repatriar a sus primeros cooperantes afectados. En septiembre, diez meses después de que Émile contagiase a Philomena, el virus infectó por primera vez fuera de África. Ocurrió en la sexta planta del hospital Carlos III de Madrid. Las farmacéuticas aceleraron sus trabajos para crear vacunas o medicamentos capaces de detener la fiebre hemorrágica. Hay tres en camino, aunque aún tardarán meses en llegar, si es que llegan. La lucha, ahora, se centra en controlar al 100% a las personas contagiadas y sus contactos de riesgo para detener en seco la transmisión. «Yo he hecho muchos ébolas, y esta es una batalla de muchas líneas», asegura la responsable de MSF. «Hay que darle una solución a las madres que te llaman. No puedes decirle que no toque a sus hijos. Cuando pedimos camas no es solo tratamiento, es ayudar a otros a decidir no tratarlo en casa, y no consiguimos llegar a tiempo de dar esta alternativa a la gente».

Un año perdido

La mitad de los infectados y los muertos -9.300 y 3.600, respetivamente- se concentran en los últimos tres meses. En las dos primeras semanas de diciembre fallecieron 1.000 personas más.

«Si hay algo que hemos visto este año es que las predicciones han fallado», afirma Sancristóval. «Desde las más apocalípticas que apuntaban a un millón de infectados hasta las más optimistas que afirman que está bajo control. El ébola no es tan predecible ni tan lineal». Acabar con la epidemia, asegura, siempre ha sido posible, pero exige un esfuerzo enorme porque supone cambiar las costumbres de mucha gente. «Mientras un foco siga activo, el futuro es impredecible».

Lo que sí se puede predecir son algunas consecuencias. «La malaria mata a más», aclara Sancristóval. Pero el ébola ha arrasado los sistemas de salud y conduce a un año perdido en muchos ámbitos. «En países como Sierra Leona, que necesitan la educación como el comer, llevan meses sin colegio», lamenta. Un curso que ya no recuperarán -«a ver quién se acuerda de ellos después»-. Además, por los riesgos asociados, se han parado todos los programas de vacunación en los tres países más afectados. «Tendrán epidemias que no han tenido. ¿Qué pasa si ahora llega un sarampión?».