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El tesoro del ébola está en Teresa
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21.10.14 - FERMÍN APEZTEGUIA

Varios países analizan ya cuál será el momento idóneo para obtener donaciones de la auxiliar de enfermería

Su plasma permitirá tratar a otros pacientes y facilitará el futuro desarrollo de tratamientos y vacunas

 

La misma paciente en la misma habitación de hospital ha pasado en una semana de ser la peor amenaza contra la salud europea a convertirse en su mayor esperanza. Sin que todavía haya sido dada de alta, varios países han expresado ya su interés en obtener plasma sanguíneo de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, la primera persona que contrajo el ébola fuera de África y la primera también que logra superarlo. Su sangre, limpia al fin de la infección, es todo un tesoro biológico. Entre las proteínas que viajan por ella no solo figuran anticuerpos capaces de vencer la enfermedad, sino también, quizás, las respuestas que necesita la industria farmacéutica para dar con el tratamiento definitivo. «Se abren muchas posibilidades, pero ahora lo que necesita esta mujer, sobre todo, es tiempo para acabar de recuperarse por completo», valoró el director médico del Centro Vasco de Transfusiones y Tejidos, Miguel Ángel Vesga.

Representantes de diversos países se han puesto ya en contacto con el Comité Especial para la Gestión del Ébola en España con el fin de evaluar de manera conjunta el momento propicio para obtener las primeras muestras de plasma de la paciente. Lo confirmó ayer uno de los miembros de este grupo, el investigador Luis Enjuanes, que es profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

De manera paralela, la religiosa Paciencia Melgar -que superó la infección en África y donó su sangre para la paciente de Madrid- y otra hermana de su misma orden participan en otro estudio que busca respuestas a esa misma pregunta: cuándo debe extraerse el plasma de los pacientes que han superado la infección, en qué momento sus anticuerpos son «realmente útiles y eficaces».

El tejido de Teresa Romero que de verdad interesa a médicos y científicos es su plasma, un término que se utiliza con frecuencia como sinónimo de sangre y suero sanguíneo, pero que no es lo mismo. El plasma es la parte líquida de la sangre que queda una vez retirados de ella los glóbulos rojos, los blancos y las plaquetas. En ese cuerpo, según explicó Miguel Angel Vesga, quedan suspendidas todas las moléculas que conforman la sangre, entre las que hay vitaminas, grasa, glucosa y, sobre todo, proteínas con multitud de funciones. Algunas de las más importantes son las llamadas anticuerpos, que resultan de la reacción del sistema de defensas humano ante la presencia de un organismo extraño, como puede ser por ejemplo un virus, el del ébola. Si a ese mismo líquido se le retiraran la mayoría de esos componentes, queda un suero.

El camino pendiente

Ante la falta de un tratamiento eficaz, la Organización Mundial de la Salud ha recomendado que se trate a los enfermos tanto con fármacos experimentales como con plasma de pacientes que hayan superado la infección. Se trata de una terapia experimental que aún plantea muchas incógnitas, pero que en el caso de Teresa Romero se ha demostrado eficaz. «Es un abordaje habitual frente a determinadas infecciones», detalla Vesga, «como por ejemplo la del tétanos. La gammaglobulina antitetánica se fabrica con anticuerpos de personas que se han expuesto a este microorganismo; y se aplica en un momento temprano de la infección. De este modo, el sistema inmune reconoce el microbio y dispone de tiempo suficiente para generar anticuerpos. El problema del ébola -agrega el especialista vasco- es que aún tenemos muchas incógnitas por resolver. La principal es la falta de certeza plena sobre la eficacia de esta terapia».

Los especialistas se muestran cautos, pero también muy esperanzados con esta solución terapéutica. Hasta el punto de que estiman que Teresa Romero, cuando se recupere, podría estar en condiciones de donar sangre hasta una vez por semana.

El plasma rico de Teresa no solo despierta el interés de los servicios sanitarios occidentales. La información contenida en él abre a la industria farmacéutica las puertas para el diseño en primer lugar de tratamientos a partir de concentrados de anticuerpos de ébola; y con posterioridad tanto de antivirales específicos como de vacunas. Y con una ventaja añadida, nada despreciable. Su plasma no es el de una persona expuesta a los virus y bacterias más comunes de África, sino a los europeos.