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Días de sol y playa
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06.06.09 - M.J.G.
Días de sol y playa
TOMANDO EL SOL. Unas chicas toman el sol en una playa. / ARCHIVO LV

La llegada del buen tiempo pone de actualidad, un año más, la necesidad de realizar una adecuada fotoprotección de la piel y de la vista. Cada vez hemos de ser más conscientes de los riesgos que se afrontan y no sólo durante el periodo estival, si no protegemos adecuadamente nuestros ojos y nuestra piel de las radiaciones solares.

Es importante tener claro que el sol emite una serie de radiaciones, fundamentalmente las ultravioleta A y B, que son perjudiciales en exceso para las células de la piel, y que afectan también al globo ocular. Estas radiaciones, si bien son más intensas durante el periodo primavera-verano, no dejan de estar presentes en la atmósfera durante todo el año. Este hecho obliga a mantener también protegida la piel a lo largo de los 365 días del año. Si bien es lógico entender que el nivel de protección variará según el tipo de piel y la exposición que se tiene a la radiación solar.

El sol afecta no sólo a las personas en la playa, también lo hace en la nieve, en la alta montaña, y en aquellas tareas laborales que exige la permanencia del trabajador al aire libre durante mucho tiempo. Tal como sucede en los trabajadores agrícolas, de la construcción, pescadores y marinero en general, etc.

Protección

A partir de estos supuestos entenderemos que, si bien la necesidad de protección se intensifica durante el verano no debe estar ausente a lo largo del resto del año.

El sol, independientemente de su acción benéfica e imprescindible sobre el organismo es también responsable de la aparición de quemaduras o eritemas, descamación, deshidratación, procesos de fotoenvejecimiento, además del deterioro celular de la epidermis y la dermis, con la posibilidad de aparición de procesos cancerígenos.

El sol actúa negativamente sobre la piel a través de la emisión de rayos ultravioleta A (UVA) y ultravioleta B (UVB). La radiación UVA tiene una mayor longitud de onda que la UVB, alcanzando en su intensidad niveles más profundos de la piel, por lo que afecta fundamentalmente a la dermis, donde su energía puede llegar a ocasionar un aceleramiento en el envejecimiento de las células dérmicas mediante la formación y producción excesiva de radicales libres.

Por el contrario, la radiación ultravioleta tipo B solamente alcanza capas muy superficiales de la piel, fundamentalmente epidermis, y determina la aparición por estimulación de los melanocitos del bronceado solar y también incrementa el envejecimiento epidérmico e incrementa la aparición de manchas en la piel. Hasta ahora se conocían de forma evidente los efectos de estas radiaciones, pero además en este momento comenzamos a saber que las radiaciones de carácter infrarrojo también pueden tener algunos efectos negativos sobre la piel, en concreto sobre la hipodermis, que se sitúa en la zona más profunda de ésta.

La acción de la radiación infrarroja tipo A, según publica Journal of Investigative Dermatology, traería consigo una alteración de las mitocondrias y la producción de sustancias que alterarían el núcleo de la célula hipodérmica y como corolario la aparición de arrugas por afectación del colágeno hipodérmico y la deshidratación de las áreas afectadas.

Precauciones

Las personas más afectadas por la radiación solar son aquellas que tienen fototipos tipo 1 y 2, es decir, las personas de piel blanca y ojos claros quienes deben de aumentar las precauciones en su exposición solar. Si el fototipo dérmico (clase de pie) l es muy claro (pelirrrojos, albinos y ojos muy claros (fototipo I) debe usarse un factor de protección 50. Entre 30 y 50 esta indicado para pieles claras con pecas (fototipo II y III). En los casos (III y IV) de piel blanca no expuesta de forma habitual al sol (hay que tener en cuenta que gran parte del año la totalidad de nuestra anatomía esta a resguardo del sol) la protección debe rondar los niveles 25-30.

El resto de pieles (I, V, VI) puede utilizar protecciones de nivel algo inferior.La loción de protección debe aplicarse antes de la exposición solar al menos en la media hora previa y renovarse tras el baño o cada dos horas

Es necesario llevar un especial cuidado con los niños, sobre todo los más pequeños, por el riesgo que presenta su piel y la facilidad de sufrir deshidrataciones. Su piel es inmadura y esta mas sensibilizada frente al efecto de las radiaciones. Nunca debe exponerse directamente al sol a niños con edades por debajo de los 3 años de edad. Además también es conveniente extremar el cuidado en personas con tendencia a la alergia o a la atopia y con los ancianos o personas con enfermedades crónicas.

A pesar de ser conocida mayoritariamente los riesgos de la sobreposición solar, digamos que sólo un 20% de la población adopta medidas que protegen adecuadamente frente al sol teniendo en cuenta las características propias de la piel de cada persona.