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Diabetes
Los laboratorios buscan nuevas fórmulas para mejorar la vida de los diabéticos
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07.12.15 - DANIEL ROLDÁN
 

madrid. Un diabético sufría, hace unos años, con solo ver la temible aguja. Debía inyectarse su dosis de insulina, pero el continente y la forma de administración invitaban más a salir corriendo que a hacer lo que el médico le había ordenado. Por ese motivo, las farmacéuticas están trabajando en los últimos años en nuevos métodos para conseguir que el paciente se sienta más cómodo a la hora de medicarse para una dolencia que está considerada como la pandemia del siglo XXI. En España hay 5,3 millones de personas con diabetes y según los cálculos de la Federación Internacional de Diabetes, en 2035, en el mundo habrá 592 millones de enfermos.

Nueve de cada diez enfermos sufren la diabetes de tipo 2, adquirida por llevar una vida sedentaria y relacionada con la obesidad. El resto de los casos están repartidos entre la de tipo 1, que afecta sobre todo a los niños y adolescentes y producida por un problema autoinmune, y la gestacional de las embaradas. Con la vista puesta en ese grueso de enfermos, las empresas farmacéuticas trabajan para conseguir que la eliminación del exceso de glucosa en la sangre sea mucho más fácil. El último en llegar es la dulaglutida, comercializada por Lilly con el nombre de Trulicity, que es el premier agonista del receptor de GLP1 (ar-GLP-1) en ofrecer una reducción de hemoglobina glucosilada significativa y comparable a la dosis máxima diaria de liraglutida de 1,8 miligramos.

Las grandes novedades de esta pluma son su uso (solo una vez) y el tiempo de inyección (una dosis semanal). «Esta administración reduce las inyecciones en un 85%. Y pueden ser más de 300 inyecciones al año», apunta el doctor Esteban Jódar, jefe de Servicio de Endocrinología y Nutrición del hospital universitario Quirón de Madrid. Este nuevo producto puede administrarse desde el principio del tratamiento, en combinación con otros tratamientos utilizados para la reducción de la glucosa, incluida la insulina.

Pero además de las ventajas de inyectarse solo una dosis semanal, está la aguja. «Hay muchas personas que no siguen el tratamiento por el miedo a las agujas», asegura Marisa Amaya, enfermera especialista en educación terapéutica, quien recalca la necesidad de que los pacientes aprendan todos los pasos, aunque cada vez se reducen más. Aquí, por ejemplo, los diabéticos no deben pellizcarse para buscar la mejor zona de pinchazo. El propio aparato hace ventosa y con un clic se pincha; luego, se tira. «Pero es necesario mejorar la adherencia al tratamiento. Si no, no hay nada que hacer», añade Amaya.