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Alimentación y dietas
La lucha diaria por comer más sano y divertido
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12.02.17 - DANIEL ROLDÁN

 


 

Una nota recordatoria en la mochila de los más pequeños o un correo electrónico multitudinario para todos los padres son las herramientas que utilizan los colegios para recordar las normas básicas de este micromundo. Órdenes que desde hace años trascienden lo puramente académico y también se centran en el aspecto alimenticio. No es raro que los progenitores reciban instrucciones sobre los almuerzos que pueden llevar los hijos al colegio. Nada de chucherías, bollería industrial y productos similares. Sí a los bocatas hechos en casa y a las galletas y los bizcochos horneados en el hogar. «Transmiten una idea de lo que es una dieta equilibrada. Las guarderías y los comedores escolares tienen una labor educativa que es importante», explica el doctor José Manuel Moreno, miembro del comité de nutrición de la Asociación Española de Pediatría. 

Cuatro días de fruta y uno de lácteo en los postres o que en todos los menús haya verduras son algunas de las recomendaciones básicas que se recogen en todas las guías impulsadas por el Ministerio de Sanidad o las organizaciones médicas, como la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria. Unas pautas fundamentales, aunque no deben ser las únicas que se deben seguir. «Se garantiza que de las 14 comidas principales de la semana (siete almuerzos y siete cenas), cinco se cubran con unas condiciones. ¿Es poco? Sí. ¿Se tiene que acompañar con trabajo en casa? También. Pero por lo menos se pone una pica en Flandes», reflexiona el doctor Moreno. El resto del trabajo para conseguir que los niños coman sano pasa por casa. Porque como recuerda el nutricionista, dietista y divulgador Julio Basulto, un niño que almuerza todo un curso en el comedor, solo «está realizando ahí el 10% de las ingestas que hace al año». 

«El peso de la escuela en la alimentación infantil es pequeño. En el peor de los casos puede ser perjudicial y en el mejor de los casos puede ser un poco beneficioso», señala Basulto que, junto a Juanjo Cáceres ha escrito ‘Más vegetales, menos animales’ (Debolsillo). «Creo que es mejor controlar los comedores infantiles para que no hagan barbaridades que no preocuparnos si son exquisitamente nutritivos porque el peso recae sobre la familia», recalca el experto.

Basulto también ve necesario que la sociedad tome más conciencia de la exposición de los más pequeños de la casa a los productos poco o nada sanos. «Lo que más nos preocupa a los nutricionistas son las bebidas azucaradas», indica Basulto, quien critica la «permisividad» de la legislación española con las comidas poco adecuadas. «El bombardeo de esta publicidad debería estar regulado y en horario infantil prohibido. Uno de cada tres niños europeos que tienen obesidad no la tendrían si se hubiera prohibido la publicidad de alimentos malsanos», defiende. 

Una idea que comparte el también nutricionista Aitor Sánchez. «En los países nórdicos donde se aplica se ha demostrado que funciona. Los niños sedentarios que no ven estos anuncios, tienen mejor salud que los niños sedentarios que sí los ven», señala este divulgador albaceteño, autor del blog ‘Mi dieta cojea’ y que acaba de publicar un libro con el mismo nombre (Paidós) sobre los mitos que existen en los alimentos más comunes. 

Gastronomía agradable

Basulto y Cáceres defienden la necesidad de incluir muchos más productos vegetales poco procesados  en la dieta diaria. Más legumbres, hortalizas, verduras, avena, trigo, quinoa y «un puñado de frutos secos al día, no quicos» son ingredientes que se pueden aplicar en innumerables recetas para crear menús atractivos. «En las comidas se puede hacer más para generar una cultura de que se puede comer sano y divertido. Nos falta un poco de alegría, de cultura gastronómica, de hacerlo atractivo a los niños. Es necesario saber manejar los platos, las combinaciones y que los niños tengan su participación», añade el doctor Moreno.