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¿Vacunas? Sí, siempre
13.10.12 - LA VERDAD

 

¿Vacunas? Sí, siempre

 

Las vacunas son una de las intervenciones en salud más notables jamás desarrolladas. La vacunación ha conseguido erradicar la viruela y ha mantenido a Europa libre de poliomielitis desde 2002. Estas enfermedades causaron muerte y discapacidad a millones de personas en el pasado. La incidencia de otras patologías como la difteria o el tétanos se ha reducido drásticamente desde que se introdujo la vacunación rutinaria contra estas enfermedades. Sin embargo, estamos muy lejos de aprovechar el beneficio potencial ofrecido por muchas de las vacunas disponibles en la actualidad. Los costes económicos y sociales innecesarios causados cada día por enfermedades prevenibles por ellas no deberían ser aceptables en nuestra sociedad, más aún en los difíciles tiempos actuales.

La vacunación produce un efecto inmediato proporcionando una protección a largo plazo de la persona vacunada. Además, el beneficio secundario de la vacunación, muy importante y a veces desconocido, es la protección que obtiene la comunidad, ya que si logramos que mucha gente se vacune, se consigue proteger a aquellas personas que no las pueden recibir, como es el caso de los recién nacidos y de las personas con problemas de la inmunidad. Al no garantizar las vacunas disponibles en nuestro calendario una protección del cien por cien, es muy útil, también, para aquellas personas que aun habiendo recibido la vacuna no han quedado protegidas.

En la actualidad, se da la paradoja de que las vacunas son víctimas de sus propios logros, ya que lejos de acordarnos de las complicaciones, habitualmente graves e incluso mortales, que producían las enfermedades prevenidas por vacunación, solamente nos llaman la atención las escasas complicaciones, casi siempre leves y de corta duración, que producen algunas vacunas: «El éxito de las vacunas es su mayor enemigo». La población, mayoritariamente sana, que recibe la vacunación no acepta estos escasos efectos adversos, pero sí suele tolerar algunos efectos adversos producidos por medicamentos indicados para aliviar o curar una enfermedad. Esta situación puede, en ocasiones producir un miedo hacia las vacunas, que puede ser extraordinariamente dañino para la comunidad, ya que el descenso en el número de vacunados puede producir la reaparición de males que pensábamos que habían desaparecido o que solo afectaban a las sociedades más desfavorecidas. Estas enfermedades no respetan ni edad, ni situación económica, ni posición social, por lo que debemos pensar en la vacunación no solo como un bien individual, sino también como un acto de solidaridad hacia esa parte de la población que no puede recibirla y que resulta beneficiada por la protección colectiva. La vacunación, en definitiva, nos ahorra sufrimiento y el 'trabajo' de estar enfermos. Como sabiamente decían los clásicos: «Más vale un gramo de prevención que un kilo de curación».